domingo, 26 de junio de 2011


Esperar cinco horas a que salgas de trabajar, viéndote salir y entrar, con las gotas de sudor resbalando por tu frente, con alguna que otra mirada de refilón esperando encontrarme en esa silla donde estoy, mirándote, impaciente por que acabes.
Darme cuenta de la cantidad de trabajo que puedes llegar a tener, y el cansancio que supone cuando crees que la gente no va a volver nunca a casa, mientras a nosotros nos espera la tuya.
Tomar café granizado, ver dos películas sin a penas sonido o leer una revista mientras pides un blanco y negro más.
Cualquiera diría que no tiene sentido, pero nadie sabría jamás que merece la pena, incluso aunque de estar contigo una hora se tratara.
Nadie sabría de lo que hablo de no ver esa sonrisa renovada que aún tienes fuerzas para dedicarme cuando sales agotado deseando llegar a la cama.
Y cuando besarte, despacio, con todas las ganas contenidas a lo largo del día, sabe mejor que cualquier recompensa que se pudiera dar.

"-Pobrecica, has tenido que esperarme toda la noche.
-No te preocupes, merece la pena.
-Boba.
-Y te lo digo totalmente en serio".

~

"-Hueles bien.
-¿Sí?
-Sí. Siempre hueles bien".

Ahora entiendo por qué olía bien. Y es porque mi piel huele a ti.

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