Belleza plasmada en un cuerpo, el 1 de diciembre de 1985.
Eres precioso, como las hojas cayendo en otoño formando un puzle de colores en el suelo.
Como ese cuadro colgado en la pared del día de tu comunión, vestido de traje y bien peinado.
Precioso, como recién levantado con el pelo desaliñado y tus labios abriéndose para bostezar, con ese brillo en los ojos.
Cada curva de tu cuerpo, tu sonrisa con dientes rectos, tus labios rosados con un corte hacia abajo.
Tu nombre pasando de un oído al de otra persona sin llegar a deteriorarse, simulando el teléfono roto pero con el mensaje totalmente claro.
Y si bien un amanecer puede resultar increíble, tú lo resultas aún más.
Como esa figura intacta, postrada perfecta y deseosa de ser plasmada en un lienzo.
Precioso, es lo que eres.
Y no hay nada más cierto, ni bonito en el mundo como esta verdad incuestionable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario