Número 1: Cuando abro mi caja de los recuerdos, saco de ella el recibo de la heladería en cuyo reverso se encuentran tus palabras escritas.
Me remonto a aquella tarde en la heladería, mientras la escribías y me tomaba una tarrina de nata que no me quisiste cobrar.
La leo, sonrío, y siempre antes de volver a guardarla, le doy un beso y vuelvo a sonreír, sabiendo que viene de ti.
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