Son miradas.
Canciones.
Sentimientos o sin razones.
Unas veces eres tú, otras soy yo.
Días felices,
días de discusiones.
Cada uno es egoísta en una parte
uno dice te quiero, el otro yo te adoro.
A veces es un juego, una lucha por ver quien sale vencedor.
Por quien puede más, o por quién puede hacer más.
Y no se trata de eso.
Somos voces, chillando más alto para que se oiga una por encima de la otra.
Cuando discutimos, somos como dos camiones, arrollando uno al otro para dejar paso.
Alguien debe llevar la razón, o alguien debe restarle sentido.
Y cuando discutimos, realmente todo pierde el sentido, porque una vez se dice una tontería, el resto no dejan de serlo.
Uno intenta frenarlo, el otro solucionarlo de manera forzada.
Y al final el choque es mayor.
Y entonces, cuando miras lo que queda, hay escombros.
Y los gritos son más fuertes, porque quieres ser escuchado.
Son voces de dentro, el te quiero es más fuerte, los daños se recuerdan.
Es una medida desesperada por detener todo esto.
Porque no lo quieres, lo rechazas.
Y sabes qué tienes que hacer.
Y entonces, cuando se detiene, vuelve todo.
Los besos, las sonrisas.
Y ese sentimiento en el pecho en el que no cabe nada malo, solo bueno.
Hemos aprendido a decir lo siento, hasta demasiado.
A agachar la cabeza, o no querer hacerlo.
Y gastamos más fuerza en eso, que en lo que debemos.
Son errores, son fallos.
Y cada uno es consciente de que no tiene por qué pasar esto.
Es ese ardor en el pecho, el que dice que las discusiones no tienen sentido pero la persona que hay al lado tiene todo el del mundo.
Te hablo de ese juego de emociones, y al mismo tiempo de pensamientos claros, limpios.
De esa magia del momento.
Y si no se tiene por qué hacerlo, entonces ¿por qué se hace?
Hoy es cuando digo ya basta.
A las 23:45 de esta noche, echándote de menos y sintiendo que te quiero.
Y mi voz es muy alta, quiere llegar hasta ti.
Dices que me quieres, tu amor es sincero.
El mío también, no hay si quiera duda de ello.
Son tus ojos, tu boca, tus brazos en mi cintura, tu olor en mi ropa, tus manos y las mías.
Es un nosotros, es un nuestro.
El darnos prioridad, e incluir a la otra persona en tus pensamientos.
He tenido miedo, me he dejado llevar por él muchas veces.
El sentir que te pierdo, el sentir que no estás.
Límites, barreras, y bloqueos que realmente no están.
Te miro, te siento, y todo vuelve a estar en su lugar.
Sé que eres real, y lo que quiero.
He imaginado mil veces un futuro, y las discusiones no están en él.
Siempre tú estás a mi lado, no cabe espacio para algo distinto.
Nuestra casa, nuestra vida, tu sonrisa, la mía.
Todo como un enlace perfecto, tal y como siento cuando estoy contigo.
Esa sensación perfecta, acompañada de la seguridad.
Nunca he creído mucho en esas cosas,
pero hace mucho que tengo claro que eres la persona que está hecha para mí.
Soy loca, tozuda, y muy estresante.
Pero créeme, es tocarte
sentirte, decir que eres grande.
Que todo es mejor desde que tú estás.
Adoro tocarte, escucharte.
Sentir que en tu pecho algo late más fuerte cuando me siente.
Que se aceleren mis pulsaciones cuando te tengo.
Acariciar tu cuerpo y arder en deseos.
Tus manos, tu pelo, el verde de tus ojos.
Tu sonrisa pícara, tus dedos, tus labios.
Besarte despacio, suave, muy lento.
Susurrarte en tu oído y sentir tu cosquilleo.
Volar en tus brazos, cubrirme en tu pecho.
Dolerme las mejillas de sonrisas plenas.
Que te estremezcas.
Echarte de menos.
Sentir el deseo de tenerte cerca.
Ser mi felicidad cuando algo me turba.
Mi sueño de cada día,
mi aspiración, y mi lucha constante.
Y es mirarte y saber que eres tú.
Que eres la persona que llena mi vida.
Que soy plenitud cuando estoy a tu lado.
Hablarte, llamarte, escucharte acostado.
Oírte con sueño, y que me parezcas lo más precioso que he visto jamás.
Cubrir tus mejillas, y que seas un encanto.
Y querer besarte hasta el fin de mis días.
Velo blanco o petición de rodillas,
saber que ni harían falta porque siempre estás aquí.
En mi pecho, lates, como algo indivisible.
Eres mi inspiración, el querer ser mejor persona.
Y no tener miedo, porque no hay motivo.
Porque tú eres mi bien permanente.
Hace mucho tiempo entraste en mis sueños,
te volviste uno de ellos, y tomaste tu lugar.
Hoy no quiero que nada nos separe,
porque si he hecho cosas tontas esa sería la que más.
Y he sido idiota y he causado lágrimas.
Y miles de cosas no tendrían por qué haber pasado.
Pero créeme que no miento si te digo que me muero por estar a tu lado.
Me gustan tus fallos, tus defectos.
Lo que te hace ser quien eres.
Sentir que te tengo y nada pueda salir mal.
Es la seguridad que me has dado todo este tiempo.
No cabe odio ni desprecio, solo bienestar.
Eres tú, un todo.
Y es lo más claro que he tenido jamás.
Somos fuertes, ambos somos conscientes.
Y si uno cae, el otro se levanta.
Y hoy nos tenemos que levantar juntos.
Porque las piedras cansan, y es demasiado bonito lo que hay al final para estar pendiente de ellas.
Hoy te quiero, y mañana, e incluso un segundo después.
Porque hoy ser feliz, es lo que importa.
Y tú siempre has sido ese sentido que le da una vuelta de 180º a todo.
Mi verdad la tiene tu nombre.
Encierras todo esto y mucho más.
Y me siento totalmente orgullosa de que no pueda ser de otra manera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario